miércoles, 15 de mayo de 2013

La importancia de la congruencia


Se dice que cierta ocasión una madre llevó a su hijo de seis años a casa de Gandhi.

Ella le dijo: - Se lo ruego Mahatma, dígale a mi hijo que deje de comer azúcar; es diabético y arriesga su vida haciéndolo. A mí ya no me hace caso, y ya que él lo respeta mucho a usted, yo se que escuchará lo que usted le diga.

Gandhi reflexionó unos momentos y le dijo: - Lo siento señora, ahora no puedo hacerlo. - Traiga a su hijo dentro de quince días.

Sorprendida por la petición, pero considerando que él era un hombre sabio, la mujer le dio las gracias y le prometió que haría lo que le había pedido. Dos semanas después, volvió con su hijo.

Gandhi miró al muchacho a los ojos y con autoridad le dijo:
- Chico, deje de comer azúcar.

A lo que el niño asintió.

Después de un breve silencio, agradecida pero extrañada, la madre preguntó: - ¿Por qué debió de esperar y pedirme que lo trajera dos semanas después?  - Podía haberle dicho lo mismo la primera vez que vine.

Gandhi respondió: - Lo que pasa es que hace dos semanas, yo también comía azúcar.

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