La familia feliz está encabezada por una autoridad dialogante, competitiva y firme: los hijos saben a qué atenerse.
En la familia feliz todos sus miembros expresan lo que siente, se "descargan" y explayan, pero jamás se insultan y descalifican.
En la familia feliz hay sentido del humor. En la convivencia son frecuentes las bromas, las risas y las travesuras sanas.
En la familia feliz cada miembro asume su responsabilidad según su edad y hasta los más pequeños cumplen deberes y obligaciones específicos.
En la familia feliz quien obra mal, no duda en pedir perdón y disculpas, y reconocer públicamente su error.
En la familia feliz queda claro que los padres mandan y que son ellos, por ser los máximos representantes, quienes tras consultar los hijos, toman las decisiones que se han de acatar.
En la familia feliz no se recuerdan constantemente unos a otros las fallas cometidas.
En la familia feliz se le permite a los hijos fallar, equivocarse, pero, tras reflexionar, asumen sus responsabilidades.
En la familia feliz hay tiempo para hablar y estar juntos, y en conjunto se consigue lo que se necesita por que se siente y se vive la unidad familiar.
En la familia feliz la vida está regida por el amor y el deseo de ayudarse unos a otros. El objetivo fundamental es que otros crezcan y sean felices.
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