Cuenta una historia que hace algunos siglos unos trabajadores estaban acarreando enormes piedras para hacer una gran obra. Pasó por allí un caminante, se detuvo y le preguntó a un trabajador:
- ¿Qué haces?
- ¿Es que no lo ves? - Respondió éste.
- Estoy cargando sobre mis hombros esta enorme piedra, trabajando como un burro y muriendo de sed.
Dio unos pasos el viajero y preguntó a otro trabajador:
- ¿Qué haces?
- ¿Pues no lo ves?, muriendo de sed y calor, acarreando grandes piedras. Sólo si Dios me ayuda lograré terminar con mi tarea.
Continuó caminando el viajero y más adelante preguntó a un tercer trabajador:
- ¿Qué es lo que haces?
- Estoy construyendo una hermosa catedral para el pueblo, contestó con seguridad.
Los tres hacían el mismo trabajo, al mismo tiempo y en igualdad de condiciones. Pero con actitudes diferentes. A los primeros les parecían interminables los días, la satisfacción y felicidad no eran parte de su vida, la probabilidad de accidentarse era más alta y sus frustraciones seguramente las descargaban con su esposa e hijos. El tercero podía ver como obra de sus manos la transformación que lograría para la posteridad, el orgullo que de ello transmitiría a sus hijos y la certeza de que cada gota de sudor se sumaba a los costos de alcanzar un propósito especial. Eso logra en nosotros un sentido de Misión.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario