"Si alguna vez vuelves a casarte o te buscas una amante después de que yo haya muerto, volveré y te amargaré la existencia", le dijo a su marido una mujer agonizante.
De modo que cuando unos meses después de que falleciera su mujer, se enamoró de otra, le horrorizó, aunque no le sorprendió, comprobar que el espíritu de la difunta entraba aquella noche a la casa y le reprochaba amargamente su infidelidad.
Aquello se repitió noche tras noche, hasta que, no pudiendo soportarlo más, fue a consultar con un Maestro Zen, el cual le dijo: "¿Qué es lo que te hace pensar que se trata de un espíritu?"
"El hecho de que sabe perfectamente y es capaz de describirme hasta la más mínima cosa que yo haya podido decir, hacer, pensar o sentir"
El Maestro le entregó una bolsa llena de granos de soja y le dijo: "Asegúrate de que nadie abra esta bolsa y, cuando ella se te aparezca esta noche, pregúntale cuántos granos de soja contiene la bolsa"
Cuando aquella noche, el hombre le hizo la pregunta al espíritu, éste salió huyendo y nunca más volvió. "¿Por qué?", le preguntó más tarde al Maestro.
El Maestro sonrió y dijo: "¿No te parece extraño que tu famoso espíritu supiera únicamente lo que tú sabías?"
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